sábado, 16 de mayo de 2015

LOS OJOS DEL GATO

Y es que son precisamente los ojos del gato uno de los atributos que más nos fascinan y hechizan, siempre curiosos, siempre misteriosos y hermosos. A diferencia de los humanos, los felinos cuentan con un sentido de la vista descomunal. El ejemplo más cercano que tenemos es el de los gatos domésticos, con quienes estamos más familiarizados y quienes cuentan con un par de globos oculares sumamente interesantes, gracias a los cuales pueden ver con precisión en lo que nosotros percibimos como una total oscuridad. Si bien es cierto que en la noche los gatos pueden ver mucho mejor que los humanos, durante las horas de Sol sucede todo lo contrario.No, no es un hechizo mágico de Harry Potter, es un complejo tejido ubicado en la parte posterior de los ojos de algunos animales, entre los cuales, lamentablemente, no nos encontramos nosotros. El tapetum lucidum en los gatos (también lo poseen los tiburones) hace que el ojo pueda absorber una gran cantidad de luz antes de llegar a la retina, este tejido refleja la luz y hace que el gato tenga una visión más aguda. Este tejido también es el responsable de que los ojos de tu minino brille en la oscuridad. Así es entonces cómo con menos luz, los gatos pueden ver mejor que los humanos en la oscuridad. Por otro lado, el umbral de detección de luz de los gatos es siete veces menor que el de las personas durante el día y el tapetum lucidum es también el responsable, ya que al permitir la recepción de una iluminación mayor debe limitar la calidad de la visión cuando hay mucha luz.

Visión gatuna
Durante las horas de luz, los gatos cierran el iris de forma constante y de esta manera consiguen un profundidad de campo mucho más eficaz y refinada. Cuando hablamos de profundidad de campo nos referimos al espectro nítido de visión. “Si tu pones un dedo al frente tuyo, podrás ver que puedes enfocar tu vista hacia el extremos del dedo o bien hacia el trasfondo, desenfocando el dedo y prestándole atención a lo que en el fondo ves como “borroso”. Bien, eso es controlar la profundidad de tu campo de visión. Por naturaleza, los gatos son excelentísimos depredadores y por esta razón, al igual que el resto de los depredadores, necesitan de un buen sentido de la vista. Para lograrlo, es necesario que los ojos estén dispuestos al frente de la cabeza. De este modo pierden determinado espectro de visión hacia los lados pero en como resultado, ganan mucho en visión en profundidad y así están mejor equipados para la caza. Dentro del ojo, todos los felinos cuentan con una banda central llamada raya visual y gracias a esta raya, ellos pueden distinguir una determinada cantidad de colores, aunque bien no son todos ni son una gran cantidad, créeme que les resultan más que suficientes. Entre los colores que pueden distinguir encontramos: Tonos verdosos, azul, y celeste. No obstante, se cree que los gatos no pueden ver los colores con mucha definición y solamente pueden percibirlos a una distancia corta. Otra característica de la visión gatuna es su amplitud visual. Estos cuentan con una amplitud visual de unos 200º, para hacernos una idea, nosotros contamos con un rango aproximado de no más de 180º y aunque esto no parezca mucho, lo es. Por último podemos hablar de la membrana nictitante, un párpado extra con el que cuentan algunos animales, entre ellos los gatos. Este párpado extra sirve como protección, tanto para bacterias como para posibles amenazas mayores y mantiene al ojo lubricado, siempre listo para la acción.
Los ojos del gato, profundos y luminosos, tienen un poder misterioso. La palabra egipcia utilizada para nombrar al gato era "mau", que significa ver. Hasta hace poco tiempo, se pensaba que los gatos no distinguían los colores, sin embargo, recientemente se ha comprobado mediante experimentos, que si pueden percibirlos, puesto que su retina contiene conos y bastones, como ya ha sido demostrado. Pero lo más importante, es que los ojos del gato están sumamente preparados en otros aspectos. La sensibilidad a la luz de los ojos de los gatos, sobre todo en lo que se refiere a las longitudes de onda corta, es seis veces superior a la del hombre, y por eso se dice que el gato puede ver en la oscuridad. Aun cuando no puede ver en la oscuridad absoluta, posee detrás de su retina un tejido reflectante llamado "tapetum lucidum"que le permite distinguir lo que lo rodea, cuando la luz es tan reducida que impide la visión para el hombre y a otros animales menos dotados en este aspecto que los felinos. Además gracias a su finísimo oído y la sensibilidad táctil de sus vibrisas, puede moverse con total seguridad, incluso en la oscuridad absoluta.  El tapetum lucidum, que logra aumentar entre 30 y 50 veces cualquier rastro de luz, por pequeño que sea, es el que hace brillar en la oscuridad los ojos de los gatos, cuando los alcanza un rayo luminoso. La potencia visual del gato se ve favorecida también, por la gran adaptabilidad de sus pupilas, que son circulares cuando se abren al máximo en la penumbra para recoger la mayor cantidad posible de luz, y se reducen a dos finos hilos verticales a plena luz, cuando se contraen las pupilas. La luz demasiado fuerte, incluso para las pupilas contraídas ,puede ser disminuida al cerrar un poco los ojos.
Los gatos también poseen visión binocular, es decir que parte del campo de visión de un ojo, es cubierto por el otro también, habilidad que es necesaria para la visión en tres dimensiones, que requiere todo animal cazador, lo cual le permite juzgar la distancia, profundidad y tamaño de su presa. La visión binocular puede variar según la raza, lo que determina la mejor disposición a la cacería de una raza más que de otra, por ejemplo, los siameses, cuya visión binocular no es tan pronunciada, no son tan buenos cazadores. A pesar de todas estas habilidades oculares, el gato nace sin poderlas utilizar, ya que sólo abre sus ojos a partir de  7 días de nacido, después de lo cual es cuando comienzan a aprender a interpretar todos los estímulos que entran por los ojos, y no llegan a dominarlos hasta transcurridas unas doce semanas, que es cuando sus ojos adquieren su color definitivo, que puede tener una amplia gama que va del amarillo y anaranjado hasta verdes o azules intensos.

Los cambios en la apariencia de los ojos del gato son fácilmente detectables por un dueño observador y lo más importante es comprender que cualquier anomalía puede estar indicando algún síntoma de enfermedad, incluso no relacionada con estos órganos. Las lesiones o afecciones en los ojos pueden aparecer por dos causas fundamentales, producto de un desorden en la salud del minino o de una herida ocasionada accidentalmente o no. Es importante por tal caso, mantenernos siempre en alerta y a diario revisar los ojos de nuestros gatos, lo que resulta una tarea sencilla que podemos realizar en pocos minutos al mismo tiempo que les ofrecemos suaves caricias.

¿Cómo detectar problemas en los ojos mediante una observación?

  • Aparición de secreciones que pueden ir de coloraciones claras a parduzcas.
  • Irritación rojiza
  • Presencia de costras o material seco en la comisura o bordes de los ojos.
  • Pelo próximo a los ojos humedecidos por lagrimeo.
  • Ojo cerrado permanentemente o por ratos mostrando incomodidad.
  • Opacidades, manchas o cambios en el color de los ojos.
  • Tercer párpado visible.
De aparecer algunos de estos síntomas en su gato, lo más recomendable será llevarlo a revisión con el veterinario. Los trastornos oculares más comunes en su mayoría son tratados con antibióticos y pomadas que deber ser recetadas por un especialista.

lunes, 27 de abril de 2015

Las vibrisas gatunas

Las vibrisas son pelos rígidos más o menos largos que actúan como receptores táctiles, propios de gran número de mamíferos y que aparecen, aislados o formando grupos, en distintas partes de la cabeza y de los miembros, especialmente sobre los labios; por ejemplo, los bigotes del gato. Las vibrisas son pelos, pero no unos pelos cualquiera; estos “superpelos” no tienen una función de protección y cubierta del resto del organismo, sino que actúan como sensores, como GPS que marcan la posición de todo aquello que rodea al felino con errores prácticamente despreciables. Las vibrisas tienen al menos el doble de grosor que cualquier otro pelo del organismo del felino; su base es entre 5 y 6 veces más ancha, están insertados hasta tres veces más profundos en la dermis y terminan en un seno sanguíneo “especial”, con múltiples terminaciones nerviosas. Se distribuyen en grupos de cuatro o cinco, en unas cuatro hileras a ambos lados de la nariz. Pero no sólo existen vibrisas en los bigotes, los felinos poseen estas singulares estructuras pilosas sobre los ojos, bajo las mejillas, bajo el mentón y detrás de las patas delanteras. Todas ellas le sirven para situarse en el espacio y hacer del felino un prodigio de elegancia en movimiento. Los bigotes son utilizados como sensores con los que puede darse cuenta de lo que sucede a su alrededor: la temperatura, si hay alguien que se acerca, la ayuda a mantener su posición en las caídas y durante la noche.

Los bigotes le permiten “sentir” por dónde transita, le evita tropezarse con las paredes, le ayuda a decidir sus movimientos. Como podemos imaginarnos tras conocer las funciones de las vibrisas, es importante no cortarlas. Los animales que padecen el corte de estos pelos táctiles tendrán más dificultades para desenvolverse, estarán más desorientados hasta que vuelvan a crecer. También podemos decir que las vibrisas forman parte de los amplios medios de comunicación del felino, ya que nos ayudan a conocer el estado de ánimo del animal: si está intranquilo las coloca en forma de abanico; si está enfadado las dirige hacia adelante; si está asustado las pega hacia sus mejillas... Los bigotes del gato, las vibrisas, no son un “elemento decorativo”, sino una parte fundamental para el mundo de relación del felino.
Estos largos y gruesos pelos se llaman técnicamente vibrisas, y transmiten la información del ambiente mediante impulsos eléctricos a una región del cerebro conocida como “región de barriles”. Las vibrisas actúan como receptores táctiles (captan información del exterior) y son habituales en los mamíferos como perros, leones, roedores, zorros, nutrias… También los humanos contamos con vibrisas en nuestras fosas nasales (que actúan como barrera y defensa ante la inhalación de partículas extrañas por la nariz) y en nuestro oído. Los gatos suelen tenerlas en las cejas, los bigotes, detrás de las patas delanteras y en algunos casos, en la barbilla. La longitud de las vibrisas supera tanto la altura (en las cejas) como la anchura del animal, permitiendo medir el espacio por donde puede pasar. 

Además, a través de la especial sensibilidad de las vibrisas puede captar temperaturas, guiarse y “sentir” por donde camina (especialmente en la noche, ya que es cuando más enérgicos se muestran para cazar). Las vibrisas pueden considerarse el “sexto sentido del gato”. Legendariamente, se le atribuye al gato un cariz místico, en ocasiones sobrenatural; se relacionaba a los gatos con las brujas en la Edad Media y con los Dioses en el antiguo Egipto. Esto podría explicarse gracias a las vibrisas, ya que pueden percibir campos electromagnéticos, geológicos, vibraciones y sonidos inaudibles para los humanos e incluso fenómenos climáticos: pueden detectar temblores y erupciones volcánicas. También han sido muy comentados los casos en que los gatos han predicho la muerte, como el caso del gato Oscar. Este gato fue recogido de la calle y vive en un geriátrico. Entra en las habitaciones, husmea el aire y si se sube en alguna cama por algún rato, los médicos y enfermeras corren a avisar a los familiares, al poco rato, la persona muere. Oscar ha predicho más de una treintena de muertes en estos años. Se tiende a pensar que gracias a los bigotes perciben indicios de enfermedades como el cáncer, infartos o epilepsia.

¿Cómo se trasmite la información al cerebro?
Cuando el gato siente algo con sus bigotes, rápidamente, cada bigote, trasmite la información en forma de impulsos eléctricos a una región del cerebro, llamada "región de barriles". Estos barrilles son un conjunto de neuronas corticales morfológicamente relacionadas con una columna cortical funcional.

¿Para que los utilizan?
Estos pelos especiales son utilizados como sensores con los que puede captar la temperatura, le permiten “sentir” por dónde transita, le evitan tropezarse y le ayudan a decidir sus movimientos, les sirven para orientarse, para posicionarse en una caída, detectan los más mínimos movimientos y cambios en el entorno. Les permiten detectar corrientes de aire, lo que unido al sentido del olfato les hace percibir el origen de los olores. Por la noche, les ayudan a percibir las distancias de los obstáculos. De hecho, se cree que confían más en la información de sus bigotes que en la visual, si la luz es tenue. La longitud de las vibrisas, al superar el ancho y la altura del cuerpo del animal, le permiten medir la amplitud de cualquier agujero para asegurarse así de que no vaya a quedar atascado en su interior. Es una importante protección para sus ojos, ya que avisarían de la presencia de objetos peligrosos ante ellos que podían herirles. Se ha demostrado que también las utilizan para determinar si la presa que han mordido está ya muerta. Al rodear con las vibrisas completamente el cuerpo de la presa detectan la mínima vibración que denote que aún está con vida. Protegiendo así al propio felino de sus víctimas, que aún pueden morderlo y lesionarlo si se las lleva a la boca estando vivas. También podemos decir que las vibrisas les permiten comunicarse; los diferentes movimientos de los bigotes muestran el estado de ánimo del felino: si está intranquilo las coloca en forma de abanico; si está enfadado las dirige hacia adelante; si su actitud es amigable y curiosa quedan enderezadas, si está asustado las pega hacia sus mejillas. Con todo esto, es fácil comprender la importancia que tienen para el gato las vibrisas.

¿Qué pasa si se les lesiona?
Estos bigotes no son un “elemento decorativo”, como en el caso del humano, sino una parte fundamental para el felino. Así que es importante no cortarlas. Cualquier lesión en las mismas es sumamente dolorosa, y deja al gato en una situación de desprotección muy marcada, tendrán más dificultades para desenvolverse, estarán más desorientados hasta que vuelvan a crecer. Les dificultará desplazarse sin tropezar o chocar. Podrán lastimarse los ojos al caminar por entre la maleza, al no recibir a tiempo la señal para cerrarlos, también pueden quedar atrapados en lugares estrechos. Aunque ésta pérdida no es de vida o muerte, puede ser desconcertante como podemos imaginarnos tras conocer las funciones de las vibrisas.

Sexto sentido
Se ha considerado que las vibrisas son el sexto sentido de los gatos. A veces tienen reacciones bastante inexplicables, ya que pueden percibir algún tipo de realidad o fenomenología (fenómenos electromagnéticos, geológicos) que para nosotros sería extrasensorial. Pueden reaccionar a sonidos y vibraciones que los humanos no reconocemos, pueden detectar fenómenos climáticos como saber cuándo va a llover, o detectar un temblor de tierra y hasta la erupción de un volcán. De igual manera, estos animales han demostrado la estrecha relación que tienen con su amo, hasta el punto de saber cuándo este se encuentra triste, enfermo o a punto de morir. Se ha comprobado que los gatos tienen la capacidad de reconocer indicios de enfermedades como el cáncer, posibles infartos y hasta epilepsia. Gracias a este sexto sentido, hoy en día los médicos y científicos han incluido a estas mascotas en investigaciones para mejorar la salud de los seres humanos.  De igual manera, se utilizan este tipo de animales para sesiones de espiritismo y para detectar las energías de ciertos lugares, gracias a la sensibilidad que tienen con fenómenos paranormales.

Curiosidades:
– Normalmente, los gatos cuentan con veinticuatro bigotes, doce a cada lado de su hocico.
– Algunas razas de gato tienen los bigotes rizados (no trates de estirárselos). 

1. ¿Cuántos bigotes tienen los gatos?
Los gatos tienen entre ocho y doce bigotes móviles a cada lado de su nariz. Aunque con excepciones -algunos tienen más, otros menos-, esto significa que en total cada felino cuenta con entre 16 y 24 vibrisas (en lenguaje técnico) en esta zona de su cara. Estos bigotes son diferentes al resto de los pelos que cubren el cuerpo del animal. Los bigotes del gato son pelos muy rígidos con una importante función en su sentido del tacto, ya que actúan como receptores.
2. Los bigotes del gato: no solo bajo su hocico
Este tipo de pelos rígidos o vibrisas, sin embargo, no solo se encuentran bajo el hocico del felino. También pueden localizarse encima de los ojos, en la barbilla e incluso en la parte posterior de las patas del gato. Las vibrisas felinas, además, no son unos pelos cualquiera. Los bigotes del gato se insertan a una profundidad tres veces mayor que el resto del pelaje, y están dotados de células sensitivas en su base, que los hacen sensibles a casi cualquier movimiento que ocurre cerca de ellos. "Estas cualidades explican que los bigotes de los felinos sean un órgano muy especial y uno de los más desarrollados de estos animales".
3. Los bigotes del gato le ayudan a "ver" de cerca
Los gatos tienen problemas para ver los objetos cercanos, a menos de 30 centímetros, pero los bigotes les ayudan a crear la imagen en 3D que necesitan. Los ojos de los gatos, al igual que los de muchos carnívoros cazadores, se han especializado en localizar presas a distancia. Esto explica que los ojos felinos hayan evolucionado para enfocar hacia delante y a cierta distancia. Esta cualidad, sin embargo, implica alguna dificultad a nuestros peludos amigos: los gatos suelen tener problemas para ver con nitidez los objetos más cercanos. "Los felinos tienen dificultad para enfocar objetos que se encuentran a menos de 30 centímetros de sus ojos", explica el veterinario experto en gatos John Bradshaw, autor de 'El sentido del gato' (Cat sense, Allen Lane, 2013). Por fortuna, sus bigotes parecen decididos a salir en su ayuda. "Para compensar estas limitaciones de visión cercana, los felinos han aprendido a girar sus bigotes hacia delante y a captar estímulos táctiles que, cuando llegan al cerebro, les proporcionan una imagen en tres dimensiones muy detallada de lo que tienen en frente", explica este científico.
4. Los bigotes sirven al gato para explorar, incluso en la oscuridad
Consecuencia de su alta sensibilidad, los bigotes del gato funcionan como una alerta temprana de lo que ocurre a su alrededor. "Las vibrisas sirven para avisar al animal de que algo se aproxima a su cara; de este modo pueden eludir choques contra paredes u obstáculos y evitar acercarse a objetos que podrían dañar sus ojos o cara", añade el veterinario Stanley Coren, de la Universidad de Vancouver. Esta asombrosa capacidad se torna muy relevante en determinadas situaciones, entre ellas, durante sus escarceos nocturnos, en caso de despiste, así como durante sus largas horas de sueño, en las que el gato baja la guardia ante posibles peligros.
5. Bigotes de gato, ¿entraré en este agujero?
La longitud de los bigotes del gato coincide con la anchura de su cuerpo, por eso le ayudan a saber si entrará o no en un espacio reducido. La longitud de los bigotes del felino coincide por lo general con la anchura aproximada de su cuerpo. Esta regla no funciona cuando un gato padece sobrepeso, pero sí sirve para hacerse una idea de la importancia de estos rígidos pelos. "Los bigotes le ayudan a saber si cabrá o no en un agujero determinado, puesto que la longitud de las vibrisas felinas son más o menos del ancho de su cuerpo; por eso, estos pelos le ayudan antes de entrar en un espacio estrecho", explica la Asociación de Protección Animal de Missouri. De este modo, los bigotes son una especie de regla natural para el felino, con la que estimar si un espacio es demasiado reducido para entrar en su interior. ¿Cómo lo hacen? "Lo normal es que un gato explore con su cabeza el espacio antes de decidirse a entrar en él, que trate de meter su cabeza y sacarla como paso previo a introducir el resto del cuerpo", explican estos expertos. De nuevo, en caso de felinos con sobrepeso, esta eficaz regla peluda natural puede fallar, y dejar al gato atrapado en un hueco que, a pesar de la aprobación de sus bigotes, resultó ser más estrecho que su cuerpo.

6. Bigotes de gato: ¿qué dicen?
Los bigotes de los felinos, además, cumplen una función importante como herramientas de comunicación. ¿Cómo? La posición de los bigotes del gato dice mucho sobre su estado de humor. Unos bigotes felinos relajados indican que el animal está tranquilo. Por el contrario, las vibrisas se desplazarán hacia delante cuando está en alerta. ¿Y si los bigotes del gato se aplastan contra sus mofletes? Esta será una señal de que nuestro peludo compañero está enfadado o asustado. 

El organismo de nuestro felino es verdaderamente curioso, tiene estructuras perfectamente definidas para funciones muy concretas. Las  vibrisas son pelos sumamente gruesos tienen en lo que nosotros llamamos bigotes. Son unos pelos táctiles que  pueden tener en más zonas de su organismo: encima de los ojos, en la barbilla. Y es una función pura y exclusivamente sensorial ayuda a que nuestro felino cuando está en el exterior o en el interior perciba cosas, movimientos e incluso el aire que circula. Por favor no se los cortemos porque dificultaremos sus funciones normales.

sábado, 28 de marzo de 2015

Virus de la leucemia felina – VLFe


El virus de la leucemia felina (VLFe, FeLV en inglés) es un retrovirus que infecta a los gatos. El VLFe se transmite entre los gatos infectados a través de la saliva o las secreciones nasales. Si no es derrotado por el sistema inmune del animal, el virus puede llegar a ser mortal. Este virus causa un tipo de cáncer de las células sanguíneas, los linfocitos, es decir una leucemia. La leucemia es un cáncer de los leucocitos, las células encargadas de proteger al organismo frente a las infecciones. Por ser este uno de los síntomas que puede producir el retrovirus más extendido entre la población felina. Este virus constituye un grave riesgo para los gatos domésticos, ya que además de contagioso, es responsable de un amplio abanico de enfermedades mortales, tanto cancerosas como no cancerosas. Su prevalencia depende de factores como el tipo de hábitat o forma de vida (gato casero o con acceso al exterior), etc. Existe variabilidad entre los países y afecta a todo tipo de felinos. No hay predilección sexual siendo el rango de edad de presencia del virus más habitual del año a los 5 años. No existe riesgo de contagio a humanos u otros animales.



¿Qué es el VLFe?

El virus de la leucemia felina es un retrovirus, es decir, un virus que guarda su información genética como ARN. Cuando invade una célula, realiza una copia de esta información en forma de ADN, que penetra en el núcleo de la célula invadida y se integra con su material genético. El virus pasa así a perpetuarse en el organismo infectado. Existen otros retrovirus que también causan graves enfermedades en el gato, como el virus de la inmunodeficiencia felina (VIF), muy similar al virus de la inmunodeficiencia adquirida humana (SIDA). El virus de la leucemia felina fue aislado por primera vez en los años 60, y afecta en todo el mundo tanto a gatos domésticos como a felinos salvajes. En Europa, la prevalencia del virus en gatos sanos se estima entre un 1 y un 5%, mientras que en gatos enfermos aumenta a un 13-18%. No obstante, hay una gran variabilidad según los países y otros factores como el hábitat urbano o rural, o el tipo de vida (callejera o doméstica) que lleve el gato. Las presencia del virus va desde el 18% de gatos sanos en Italia al 0,7% en Suiza, cifras que aumentan significativamente en el caso de gatos callejeros urbanos. Es el retrovirus subfamilia de los oncovirus más extendido entre la población felina.  Sensible a todos los desinfectantes, con rápida inactivación fuera de su hospedador lo que en cierto modo, dificulta el contagio y facilita su control.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de la infección del virus de la leucemia felina son bastante variados e incluyen pérdida de apetito, deficiencias en el pelaje, infecciones de la piel, la vejiga y el tracto respiratorio, enfermedades bucodentales, convulsiones, linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos), lesiones en la piel, fatiga, fiebre, pérdida de peso, estomatitis, gingivitis, dejar de usar la caja de arena, pancitopenia, aseo pobre, enfermedades bacterianas y virales recurrentes, anemia, diarrea, e ictericia.

Diagnóstico

El test más utilizado es el Elisa para la detección de anticuerpos, es conveniente repetirlo pasados de entre 2 a 3 meses para comprobar si el animal se ha inmunizado contra el virus expulsándolo también de su cuerpo o si por el contrario, se ha hecho portador del virus. Existen otras pruebas veterinarias aún más seguras y fiables para confirmar la presencia o no del virus de la leucemia felina como la IFA o la PCR. Ambas sirven para confirmar tanto los resultados positivos como para detectar falsos negativos. El test debe realizarse por tanto a todos los gatos susceptibles de haber estado expuestos al virus, especialmente aquellos de origen desconocido (recogidos de la calle o de una protectora, comprados en una tienda, nacidos de gatas “de exterior”...). Es importante confirmar tanto los positivos, repitiendo el test al cabo de varias semanas o con otro método diferente, como los negativos en el caso de gatos que presenten sintomatología que pueda estar relacionada con el virus de la leucemia felina. 
  • ELISA (prueba de inmunoabsorción enzimática). Es el test que se utiliza habitualmente en las clínicas veterinarias. Se realiza en una muestra de sangre del gato (no hay suficiente fiabilidad en muestras de saliva o lágrimas). Este test detecta la presencia de antígeno en la sangre, y puede identificar estadios iniciales de la infección, cuando el gato todavía es capaz de eliminar el virus. Por lo tanto, como no da indicación de si se trata de una viremia transitoria o permanente, un positivo en ELISA deberá confirmarse al cabo de varias semanas.
  • IFA(inmunofluorescencia directa). Analiza la presencia de antígeno en las células infectadas (linfocitos y plaquetas). Detecta la presencia del virus cuando la infección es ya irreversible, por lo que suele utilizarse para confirmar positivos en ELISA, y no es eficaz para identificar los primeros estadios de la infección.
  • PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Detecta de modo directo el ADN del virus integrado en las células invadidas, en muestras de sangre, médula ósea y otros tejidos. Es una técnica de gran utilidad para detectar infecciones latentes, que pasan desapercibidas con los otros dos métodos. Como contrapartida, es más complejo de llevar a cabo y no se encuentra disponible tan ampliamente con el test ELISA.

Algunos gatos puede permanecer asintomáticos durante años, y la frecuencia y gravedad de los síntomas cuando se presenten es muy variable. Aunque algunos desarrollan rápidamente graves enfermedades, otros pueden vivir con muy buena calidad de vida durante meses o años con el cuidado y los tratamientos sintomáticos adecuados. Algunos de los trastornos más comunes son:
  •          Fiebre, letargo, inapetencia, pérdida de peso.
  •          Infecciones oportunistas víricas, bacterianas y parasitarias.
  •          Enfermedades de la sangre (anemias)
  •          Linfomas y leucemia
  •          Enfermedades dentales y bucales (gingivitis, estomatitis...)
  •          Enfermedades oculares (uveitis...)
  •          Trastornos digestivos, respiratorios, renales, neurológicos, reproductivos,                  dermatológicos.

Transmisión


Los gatos infectados con VLFe pueden ser focos de la infección. Los gatos se pueden transmitir el virus entre ellos a través la saliva, el contacto sexual, las mordeduras entre gatos, a través de una caja de arena o un plato de comida usado por un gato infectado (raramente ocurre). Esto quiere decir que un gato positivo en VLFe podrá transmitir el virus a otros gatos por medio de las heridas causadas en peleas, y también compartiendo comida, agua y bandeja sanitaria, o al lamerle en sesiones de aseo mutuo. Dada la fragilidad del virus, es muy poco probable el contagio en clínicas veterinarias, exposiciones, cheniles de guarderías o protectoras, etc., etc. Además la gata puede transmitir el virus a sus cachorros durante la gestación y por medio de la lactancia. El VLFe causa la inmunosupresión en gatos domésticos, y hay también evidencias de la existencia del virus en grandes poblaciones de felinos salvajes (por ejemplo el lince, el guepardo, y el león). Abrumadoras evidencias epidemiológicas sugieren que VLFe no se transmite a los humanos ni a los perros. Esta afirmación se basa en el hecho de que un perro doméstico de cada cinco vive con un gato, aproximadamente, y todos los gatos domésticos viven con humanos y no se conoce ninguna infección. Aproximadamente el 0,5% de los gatos domésticos portan permanentemente el VLFe, aunque muchos más gatos (>35%) tienen anticuerpos IgG específicos lo cual indica que han estado expuestos anteriormente al virus y ha desarrollado inmunidad en lugar de la infección. Los gatitos pueden nacer con el virus, habiéndolo contraído de su madre en el útero. La incidencia de la infección es mucho mayor en los gatos de ciudad, callejeros o mascotas, que en los gatos rurales. En general existe una prevalencia inversamente proporcional a la edad: a mayor edad, menor riesgo de contagio (excepto gatos muy ancianos con otras enfermedades en curso que les debiliten y les hagan susceptibles de contagio).

Tras la exposición al virus, pueden ocurrir tres cosas distintas:
 
Resistencia a la infección: aproximadamente un tercio desarrollarán inmunidad (la posibilidad de que esto ocurra aumenta si son gatos adultos sanos). Pueden tener algún tipo de sintomatología como procesos febriles, inactividad, sueño excesivo… hasta que desarrollen esa inmunidad contra el virus de la leucemia felina. Durante este periodo de expulsión del virus, pueden darse falsos positivos en las analíticas, por lo que deben repetirse entre 2/3 meses después de la primera prueba, para descartar la presencia del virus y verificar la inmunidad y expulsión del mismo de nuestro gato. 
Infección regresiva: otro tercio de los gatos que estuvieran en contacto con el virus de la leucemia la eliminarán de su sangre y saliva, pero el virus quedará latente en su médula ósea u otros órganos. Este estado de latencia del virus no se detecta con los test habituales pero existen pruebas veterinarias específicas que lo comprueban. Si el virus se queda latente, puede reactivarse aprovechando un momento de enfermedad y debilidad de nuestro gato. Pero lo más habitual es que jamás dé ningún síntoma durante la vida de nuestro gato o incluso, lo elimine al paso de unos años.
Infección progresiva: otro tercio de los gatos expuestos al virus de la leucemia felina quedarán infectados de por vida. La sintomatología es similar a la sufrida durante la resistencia a la infección pero, en este caso, la repetición de las pruebas analíticas confirmará que el virus ha quedado instalado en nuestro gato (procesos febriles, inactividad, sueño excesivo…). Según estudios, los gatos estarán asintomáticos de entre 2 a 4 años, siendo susceptibles de contagio de otras enfermedades relacionadas con la leucemia felina tras ese tiempo. Sin embargo, la experiencia de particulares con gatos positivos hace que muchos de ellos, viviendo felices en un hogar, sean las “excepciones” a esta norma estadística.

Existe una vacuna contra el virus de la leucemia felina para proteger aún más a nuestros gatos negativos, sobre todo si van a tener contacto con el exterior o con otros gatos que así lo tengan.
 

Clínica 
La infección evoluciona pasando por varias etapas: Desde el contagio, puede pasar desapercibida o ser asintomáticaUna vez se activa la leucemia, tiene un desarrollo particular según distintos factores individuales de cada gato (descritos en éste y otros apartados del presente artículo):
 
  • Al inicio, generalmente cursa con linfadenopatía generalizada, fiebre ligera, anemia, leucopenia y trombocitopenia e infecciones secundarias frecuentes.
  • Posteriormente, hay un desarrollo de diferentes cuadros sintomatológicos según los órganos que se vean afectados.
  • En la etapa final de la enfermedad, cursará con enfermedades asociadas a la inmunosupresión y a procesos inmunomediados (anemia, poliartritis, oculopatías, neuropatías...)
El lapso de tiempo entre la activación de la primera fase y la terminal, tras un periodo variable de inactivación, puede variar desde meses hasta 5 años o más. Tanto el curso de la etapa de latencia como de la de la activación, depende de varios factores: edad y salud del gato en el momento de la infección, salud actual del gato, posibilidad de exposición a infecciones, etc.


Prevención

Existen vacunas para la prevención del VLFe. Como sucede con todas las vacunas, su eficacia no se puede asegurar al 100%, por lo que los veterinarios no suelen recomendar la convivencia entre gatos positivos y gatos negativos, aunque estos estén vacunados y la vacuna proteja con garantía a un porcentaje muy alto de gatos. La mayoría de los veterinarios recomienda también vacunar contra el VLFe a todos los gatos, especialmente aquellos que tienen acceso al exterior, pero también a los que no salen de casa.

¿Qué ocurre cuando un gato negativo entra en contacto con el virus?

Si el gato no está vacunado y entra en contacto con el virus de la leucemia felina, no siempre quedará infectado. Como ocurre con cualquier otro virus, el organismo puede reaccionar y evitar la infección o no tener éxito y contraerla, dependiendo de factores tales como el estado del sistema inmunológico, la edad del gato, la cepa del virus o la severidad de la exposición. La infección ocurre con mayor frecuencia en gatitos muy jóvenes o muy mayores, o en gatos de cualquier edad con las defensas debilitadas por enfermedad, medicación o estrés. Los gatos adultos con un sistema inmunológico saludable son los más resistentes al virus. El tratamiento fundamental es la prevención: buena alimentación, calendario de vacunación y desparasitación al día, prevenirle de la exposición a otras enfermedades, evitarle situaciones de estrés.

Tratamientos

Lo esencial para cuidar a un gato positivo en el VLFe es protegerle de la exposición a otras enfermedades, asegurar una buena nutrición, vacunarle regularmente contra otras enfermedades, evitar situaciones de estrés, controlar los parásitos internos y externos y el tratamiento temprano de cualquier síntoma que aparezca. Aunque no existen tratamientos específicos para la leucemia felina, algunos medicamentos, como el interferón y otros inmunoestimulantes pueden ser de utilidad para mantener el sistema inmunológico del gato en buen estado. El veterinario indicará los tratamientos apropiados para los distintos síntomas y enfermedades que puedan presentarse. No existe un tratamiento con medicamentos específico para la leucemia felina. Existen distintas posibilidades: antibióticos de amplio espectro contra infecciones secundarias, análogos de los nucleótidos para interferir en la replicación del virus, quimioterapia contra los linfomas (interferón, ciclofosfamida, vincristina, prednisolona), irradiaciones, transfusiones y transplante de médula ósea… siendo siempre nuestro veterinario el que, conociendo la historia y a nuestro gato, indicará las pautas a seguir con él.

Convivir con un gato positivo en el VLFe

Los gatos positivos en el virus de la leucemia felina pueden vivir entre varios meses y varios años. Aunque hace años se recomendaba la eutanasia para los gatos positivos, no hay ninguna razón para hacerlo cuando estos gatos pueden vivir largos periodos de tiempo sin presentar ningún síntoma. La adecuada colaboración de dueños y veterinarios puede también ayudar a mantener una buena calidad de vida cuando comiencen a presentarse problemas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que no es conveniente que convivan con gatos negativos y tampoco que tengan libre acceso al exterior. La única razón de estas recomendaciones no es evitar la transmisión del virus, sino también prevenir el peligro de que contraigan enfermedades o parásitos que comprometan su delicada situación. Tras décadas de investigación, no se ha encontrado evidencia de que el virus de la leucemia felina pueda transmitirse a especies no felinas, como los humanos o los perros. No obstante, se recomienda que los gatos positivos no convivan con personas con problemas inmunológicos, como es el caso de portadores del virus del SIDA. 

Comparación con el VIF

El virus de la inmunodeficiencia felina y el VLFe son de misma familia, y a veces se confunden. Sin embargo, ambos virus se diferencian en muchos aspectos. Sus formas son muy diferentes: el VLFe es más circular, mientras que el VIF es alargado. Los dos virus son también bastante diferentes genéticamente, y sus capas de proteínas difieren en tamaño y composición. Aunque muchas de las enfermedades causadas por el VLFe y VIF son similares, las formas específicas en las que son causadas también difieren. Además mientras que el virus de la leucemia felina generalmente causa una enfermedad sintomática en un gato infectado, el gato infectado por VIF puede permanecer completamente asintomático toda su vida.



Enfermedades frecuentemente asociadas a la leucemia felina


Una vez se activa la leucemia felina (bien gatos portadores que la tenían latente y que debido a una situación de inmunodepresión o estrés la han desarrollado o bien gatos infectados tras pasar el periodo asintomático de la enfermedad) hay gran variabilidad de síntomas y gravedad de los mismos.Una vez en este punto de la enfermedad, algunos de los síntomas más frecuentes son fiebre, anemia, inmunodepresión, letargo, inapetencia o pérdida de peso. Los trastornos más comunes son:
 
  • Neoplasias: linfosarcomas, leucemia linfocítica, enfermedades mieloproriferativas 
  • Mielosupresión: anemia, trombocitopenia, granulocitopenia
  • Inmunosupresión: Linfopenia, linfocitos anormales, reactivación de la infección latente.
  • Problemas diversos: digestivos, respiratorios, renales, neurológicos, reproductivos, dermatológicos y enfermedades hematológicas (anemias), neoplásicas (linfomas), dentales (gingivitis), oculares (retinopatías), de origen hereditario (retraso del crecimiento, debilidad), etc.
La esperanza de vida va desde meses hasta años tras el contagio y no inmunización contra la enfermedad. Depende de la edad en el momento del contagio (cuanto más pequeños o más ancianos sean los gatos, peor pronóstico) y de los cuidados, prevención y tratamiento que desde el hogar, reciba el gato. en general, podríamos decir que iría desde el extremo peor de unos meses (por ejemplo un gatito contagiado de pocos meses) a la experiencia real de muchas personas que tienen uno o varios gatos positivos adoptados que viven tanto y tan bien como un gato negativo, pasando por la estadística teórica de unos 5 años de vida tras la activación de la enfermedad (cuyo periodo asintomático depende de todo lo comentado antes: edad y hogar). 


Profilaxis


Aunque gracias a la prevención y fragilidad del virus (vacunas, higiene, rápida desactivación del virus al liberarse) es factible la convivencia entre gatos negativos y positivos a leucemia, no es recomendable, tanto por prevenir al negativo del pequeño porcentaje de contagio de leucemia, como por prevenir al positivo de leucemia de las enfermedades y parásitos que el negativo pudiera transmitirle. La adopción ideal de estos gatos sería ser adoptados ellos solos o, en todo caso, con otros gatos positivos a leucemia. Para evitar la transmisión de la leucemia a otros gatos y proteger a nuestro gato positivo de factores de riesgo, debemos no dejarlos salir al exterior (si tuvieran la posibilidad de hacerlo, castrarlos es una buena medida para evitar esa necesidad de salir), controlar el contacto con otros gatos (visitas familiares, etc) y, si quisiéramos adoptar un nuevo gato en la familia junto con el/los que ya tenemos, debemos confirmar que ni nuestro gato, ni el que deseamos adoptar sea positivo para evitar riesgos innecesarios para unos y otros.
Debemos acudir a nuestro veterinario en la habitual revisión anual y siempre que veamos algún tipo de cambio o desmejoría en nuestro gato.

Hace años incluso una minoría de personas a día de hoy, creen en la eutanasia como única posibilidad de estos gatos positivos. Sin embargo, gracias a los avances veterinarios y a la experiencia de muchas personas, podemos decir que estos gatos quieren y pueden tener, una vida tan feliz como la de cualquier otro gato. Si nos preocupa la esperanza de vida, ni positivos ni negativos tienen un “papel” bajo la patita que certifique “cuánto” va a vivir. Sólo debería preocuparnos el “cómo” y estos gatos, en los refugios de animales abandonados, son los grandes olvidados, son aquellos que sufren aislados normalmente de sus compañeros, mientras ven cómo nadie pregunta por ellos.

Ser positivo no significa ser transparente o invisible. No significa haber perdido el derecho a encontrar un hogar, a ser feliz. De nosotros, los humanos, depende informarnos bien y mirar a través de esos ojos que piden que les llevemos con nosotros a casa, de esos gatos que necesitan ser adoptados tanto o más que los negativos, de esos gatos a los que muy poca gente quiere mirar.
 

Entrada destacada

Soy un gato - Natsume Sōseki (Libro)

Me encanta leer, me encantan los gatos, que pasa cuando se juntan los dos pues es simplemente fascinante, me parece increíble no haber des...